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[es] OFRANEH: Arrecia guerra mediática sobre el golpe militar en Honduras

La guerra mediática que precedió durante años al golpe de estado efectuado en Honduras el pasdo 28 de junio pasado, se recrudece y parece ser que abre nuevos frentes. en esta ocasión es la opinión publica estadounidense y el capitolio en washington

El portal de noticias Bloomberg.com, en una artículo de fecha 10 de julio, intitulado ” Guerra de Poder en Honduras Polariza a congresistas Democrats y Republica’,  nos señala como los golpistas en su visita a Washington contrataron al abogado Lanny Davis como agente de relaciones publicas del gobierno de facto (http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=newsarchive&sid=aMKj7d_.9de0)

Pero quién es Lanny Davis? Es una abogado judío, que formó parte del Consejo Especial del ex-presidente Clinton, además de Administrador de Crisis en la Casa blanca  y es el vocero del Proyecto Israel. Fue miembro del Comité de Vigilancia de los Derechos Civiles, durante la administración Bush y conformó también parte de la Comisión Nacional sobre Ataques Terroristas (Comisión 9/11). En la actualidad forma parte del bufete Orrick, Herrington & Sutcliffe, LLP.

En otras palabras el Sr Davis es parte de Lobby de Israel y por supuesto que posee excelentes conexiones con Leo Panetta y su equipo de la actual CIA, incluyendo al Asesor para América Latina de la Casa Blanca Dan Restrepo.

la guerra de opiniones y la apatía demostrada por Hillaru Clinton, la cual regionalizó la solución de la problemática Hondureña al pasar la papa caliente al derechista presidente de Costa Rica Oscar Arias, el que concluye ayer sobre las bondades del diálogo y la prolongación de  las negociaciones, situación que implica diluir el impacto de los hechos a través de la laberinto el tiempo y el olvido.

la guerra mediatica y la distorsión de los acontecimiento se ha tornada en el pan de cada día. El pasado domingo 5 de julio apareció en El Pais de España (Grupo Prisa), una columana firmada por Moisés Naim, intitulada “Idiotas contra Hipócritas”, donde hace una aparente condena al manejo del golpe por parte de los militares hondureños, al mismo tiempo que ataca de forma virulenta  – como suele hacerle desde su habitual columna – al eje Cuba-Venezuela, acusando a Chavez de una política de intervencionismo institucionalizado.

Pero quién es Moisés Naim, para acusar al gobierno de Hugo Chavez de intervencionista, cuando el otrora ministro de Carlos Andres Perez, se desempeña como parte de de la Junta de Directores de la National Endowment for Democracy (NED), institución cercana a la CIA y encargada de distribuir las ayudas económicas para crear procesos de desestabilización desde Georgia, pasando por Venezuela y obviamente en el premeditado golpe en Honduras.

Naim desde su habitual  columna en El País, y de la revista Foreing Policy se ha convertido en uno de los voceros de la neoconservadores estadounidenses, sirviendo sus análisis como un foco de distorsión del concepto de libertad de expresión, retorciendo la esencia de ese principio básico de la democracia.

Al mismo tiempo la guerra mediática que se ha venido dando en el continente, donde los grupos financieros más cavernícolas han utilizado a la prensa escrita, televisión y radio para   distorsionar los avances de los movimientos sociales que se han dado en la última década en América Latina.

Desde la Sociedad Interamericana de Prensa  (SIP) se ha fomentado la distorsión de la información hasta el punto que la gran mayoría de los periódicos del continente sirven de voceros de los grupos financieros y sus intereses económicos y políticos. Ademas de utiliza técnicas de polarización destinadas a crear choques entre las clases más desfavorecidas.

En Honduras, Jorge Canahuati, presidente Comisión Internacional de la SIP, ha sido uno de los gestores directos del golpe, utilizando sus periódicos La Prensa y El Heraldo, los que en la actualidad son fervorosos defensores del golpe y persisten en manipular la información para  tratar de mantener una falsa imagen de apoyo del pueblo hondureño al golpe fratricida.

Pero no sólo son los medios de América Latina los que se han visto involucrados en la distorsión de la información. El Blog Dayly Kos, en un análisis denominado “spinning the news from Honduras” hace un análisis de la diferencia de cobertura de noticias  entre la  imparcial Al Aljazeera y la distorsionadora AP, agencia que nutre la mayoría de periódicos en los Estados Unidos.  Daily Kos  hace una comparación de la cobertura de los acontecimientos de los hechos acontecidos en el aeropuerto de Tegucigalpa el domingo pasado.

El articulista Ken Silverstein de la revista Harper, en una columna de julio 6, intitulado “Algunos Hechos del Golpe en Honduras” señala que muy poca es la verdad que se puede leeer acerca del golpe en los periódicos den los Estados Unidos, recalcado que Manuel Zelaya no es un radical, siendo su mayor crimen el aumento salarial que era más que necesario para la clase obrera, pero que recibió un rotundo rechazo de parte de la elite de poder hondureña.

Una de las mayores distorsiones propagadas en cuanto a Manuel Zelaya, era su intención de cambios constitucionales que le permitieran permanecer en el poder, falacia que fue elaborada por los periódicos del Sr. Jorge Canahuati, y que se ha reproducido en tos el planeta como un hecho verídico, cuando por cuestiones de tiempo era imposible efectuar una asamblea Constituyente antes que Zelaya abandonara el poder. hasta la fecha las agencias de noticias internacionales en su gran mayoría hacen eco de los infundios del Sr Canahauti, señalando a Mel Zelaya como un violador de la Constitución Nacional y un presunto complot para permanecer en el poder.

El golpe en Honduras se fraguó con el explícito apoyo de los medios de comunicación locales, los que en su gran mayoría son propiedad de un grupúsculo de empresarios afines a los intereses colonialistas de los Estados Unidos; país que posee interese históricos que se pueden reducir  a la clásica descripción de República Bananera.

En el corazón de la República Bananera se encuentra la base militar Cano Soto, donde opera la Fuerza Conjunta Bravo, con la presencia de  600 militares y una pista de 2,600 metros (la más grande del istmo), desde donde es muy probable se ha venido controlando el golpe de estado. Por supuesto que los Estados Unidos clama inocencia sobre los acontecimientos.

La administración Obama-Clinton ha probada de forma contundente que no controla ciertas facetas del poder de esa nación. Como prueba de ellos es que mucho antes de haber ganado las elecciones Barack Obama, Robert Gates ya estaba negociado como futuro Secretario de Defensa de Obama-Clinton, dando lugar una continuidad en la política imperialista de los neoconservadores de ese país ( http://www.timesonline.co.uk/tol/news/world/us_and_americas/us_elections/article4232070.ece).

Honduras e ha convertido en un laboratorio político militar para los Estados Unidos y sus interese en América Latina, mientras nosotros los hondureños nos encontramos en pie de lucha para restituir al democracia y frenar la enfermiza intervención de los militares y el retroceso que implica, el encuentro de las delegaciones del gobierno electo y el golpista se encuentran frente a la actitud de ganar tiempo, situación que preconiza la casa Blanca y los gorilas de turno.

OFRANEH
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[en] Honduras, Washington and Latin America: Doctor Jekyll and the Good Neighbor

Written by Clifton Ross and Marcy Rein
Wednesday, 08 July 2009

published at: http://upsidedownworld.org/main/content/view/1978/46/

In the wake of the Honduras coup, speculation about whether or not the U.S. was masterminding the plot is running wild. Brushing off denials of involvement and claims that U.S. officials had tried to dissuade the plotters from plans to overthrow President Manuel Zelaya, progressive writers have almost unanimously accused the Obama administration of complicity in the coup. Respected analysts like Jeremy Scahill, George Ciccariello-Maher and Alexander Cockburn argue that the U.S. must have been involved at some level, with Scahill arguing the U.S. “could have prevented the coup with a simple phone call.”

And in Latin America the bitter riddle still rings true: Why are there no coups in Washington DC? Because it doesn’t have a U.S. embassy! Last week, for instance a friend in Caracas said during an on-line chat that he was convinced Obama himself had given the command to the Generals to overthrow Zelaya. We countered that our Chief Executive may be playing a more wily and sinister strategy than that.

Certainly the past 50-plus years of U.S.-Latin American relations make that statement seem naïve. The Bush Administration’s fingerprints on the Venezuelan coup of 2002 and its involvement in the Haitian coup of 2004 through the IRI (International Republican Institute) would provide enough circumstantial evidence to bring an indictment of the U.S. before any international court of law – if it hadn’t likely already paid off the judges, that is.

However, if we assume that the Obama administration is following all previous recent administrations’ policy of genocide, brute force, terror, authoritarian rule and other forms of inhumane repression, we ignore the evidence that we are in a new, more complex and indeed more dangerous moment for the Bolivarian project of Latin American unity. To understand our moment we need to look back three-fourths of a century, to Franklin Delano Roosevelt and his “Good Neighbor” policy.

FDR came to power in a time remarkably like our own. The Republicans had just tanked the economy and voters looked to a liberal to ease the pain. North Americans of that moment had disinterestedly observed as the U.S. military spent the first third of the century invading and occupying Mexico, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Haiti, Cuba, Panama and the Dominican Republic. After years of battling “insurgents” (or “bandits” as they were often then called), Washington was forced to consider a new course under the new liberal administration.

“In the early 1930s, Franklin D. Roosevelt promised that henceforth the United States would be a ‘good neighbor,’ that it would recognize the absolute sovereignty of individual nations, renounce its right to engage in unilateral interventions and make concessions to economic nationalists,” Greg Grandin writes in “Empire’s Workshop.” Grandin goes on to describe what to an anti-imperialist could be called a chilling result: “Rather than weaken U.S. influence in the Western Hemisphere, this newfound moderation in fact institutionalized Washington’s authority, drawing Latin American republics tighter into its political, economic and cultural orbit through a series of multilateral treaties and regional organizations.”

From one Roosevelt to the next a dramatic change in U.S. foreign policy occurred: The first one (Teddy) used the “Big Stick,” but Franklin traded it for “a goose’s quill” knowing more “great is the hand that holds dominion over/ man by a scribbled name.” FDR’s “Good Neighbor” policy toward Latin America was a frank recognition that dozens of military interventions in the region, in addition to being costly for a country slipping into a depression, had been entirely ineffective.

Roosevelt picked up the idea for the “Good Neighbor” policy from his Republican predecessor and was backed in his efforts by none other than Nelson Rockefeller, who argued that “if the United States is to maintain its security and its political and economic hemispheric position it must take economic measures at once to secure economic prosperity in Central and South America and to establish this prosperity in the frame of hemisphere economic cooperation and dependence.” (Grandin) In other words, opening markets and making trade agreements with Latin America was crucial for the salvation of capitalism in recession and for the maintenance of “dependence.”

Under the “Good Neighbor” policy, Latin America supplied raw materials for the emerging industrial empire to the north which “not only set the U.S. on the road to economic recovery but fortified a block of corporations that provided key support for the New Deal reforms and served as the engine of America’s remarkable postwar boom,” Grandin wrote.

Latin America, on the other hand, was drawn more deeply into a colonial dependence on the United States for the health of its own economies in a relation wherein it provided raw materials but was deprived of the means of development. Most political thinkers, especially in Latin America, saw the “Good Neighbor” policy as “a new strategy of domination” in which “the principal form of imperialist domination on the continent would have, starting at the moment his policy was declared, an essentially economic character.” (“Historia de Nicaragua,” 2002, UNAN, Nicaragua).

Nicaragua put the “Good Neighbor” policy to its first test. A bad economy, international pressure against a brutal occupation, and fierce resistance from the patriotic forces led by A.C. Sandino had forced the U.S. to withdraw its occupation forces. But the departure of the U.S. Marines opened the door for Anastacio Somoza, head of the U.S.-trained Nicaraguan National Guard. On February 20, 1934 Somoza had Sandino murdered and quickly took control of the country.

As is now the case in Honduras, the U.S. role in the murder of Sandino and the coup that instituted the Somoza dictatorship was unclear. Although then-U.S. ambassador Arthur Bliss Lane had lunch with Somoza a few hours before the murder, the Nicaraguan was certainly ruthless and power-hungry enough to have organized the killing and the coup on his own. At the very least, however, the “Good Neighbor” acquiesced and FDR’s reported comment on Somoza said it all: “He’s a son of a bitch, but he’s our son of a bitch.”

Fast forward to another Democratic president who comes to power in the U.S. to save the Empire from a burst economic bubble, and decides to revamp relations with Latin America. Obama calls his updated “Good Neighbor” policy “A New Partnership for the Americas.” He previewed it while campaigning in Miami’s Cuban-American community last year.

Playing to that audience, Obama lashed out at “demagogues like Hugo Chavez” who, he said, “have stepped into this vacuum” of the Bush “distraction” from Latin America as a result of the Iraq war. Obama went on to flay Chavez for “his predictable yet perilous mix of anti-American rhetoric, authoritarian government, and checkbook diplomacy that…offers the same false promise as the tried and failed ideologies of the past.” The future U.S. president ended with the recognition that “the United States is so alienated from the rest of the Americas that this stale vision has gone unchallenged, and has even made inroads from Bolivia to Nicaragua.”

To repair this alienation, Obama offered programs pegged to FDR’s “Four Freedoms.” He suggested that together the U.S. and its southern neighbors could work towards freedom from fear, as partners in fighting drug trafficking, gangs and terrorism; towards freedom from want, as they addressed poverty, hunger and global warming, and towards political freedom and democracy.

After taking office, Obama announced major relaxations of the bans on travel and remittances to Cuba. At the April 2009 Summit of the Americas, he carried on the appeal to regional unity. He talked of the U.S. intention to foster “engagement based on mutual respect and common interests and shared values.” He shook hands with Chavez, and Venezuela and the U.S. agreed to restore their ambassadors.

As in so many arenas, though, Obama’s message on Latin America gets clouded by mixed signals. The veteran plotters of the 1980s contra wars–John Negroponte, Otto Reich, Roger Noriega and their ilk–have no place in his administration. But Obama’s ambassador to Honduras, Hugo Llorens, held the Andean desk at the National Security Council during the failed 2002 coup against Chavez, and Jeffrey Davidow, the president’s advisor for the Summit of the Americas, served as ambassador to Chile during the coup against Chile’s Salvador Allende in 1973.

Though the administration recently announced it would not ask Congress to approve the Free Trade Agreement with Panama until it developed a “new framework,” the president very publicly withdrew his opposition to the trade pact with Colombia during the Summit of the Americas.

In Latin America, Obama faces much more complex and rapidly evolving regional political and economic alliances than did his immediate predecessors. The Union of South American Nations (UNASUR) took its first stand in defense of Bolivia last September; the Organization of American States has spoken with one voice for Zelaya; MERCOSUR and ALBA are weaving economic ties.

These new political realities also provide an opportunity for the U.S. to regain a measure of control over the region. By contrast with conservatives and neo-cons(ervatives), liberal and neo-liberal imperialists prefer trade treaties to “armed treaties,” that is, military force. While Bush preferred leveling Iraq with bombs, Bill Clinton managed to level Mexico with NAFTA. Franklin Roosevelt, with his fast-track authority, negotiated trade treaties with fifteen Latin American countries between 1934 and 1942. Obama could use trade deals to widen the divisions emerging in the region–perhaps fortifying “the U.S. free-trade partnerships and links to Brazil and Chile, knowingly sacrificing a sphere of influence in the hope of establishing ring-fences around the most radical governments,” as Ivan Briscoe suggested in the “Foro Europa-America Latina.”

Fissures and new poles of power are emerging in opposition to what Professor Napoleon Saltos of the Central University of Quito calls the “Bolivarian Coordinate.” This ideological-political-economic axis is only one possibility. Saltos also points out the possibility of the emergence of a “sub-imperialist” Brazil in competition with the neoliberal U.S.-European imperial axis. (See this article).

Regional divisions and tensions surfaced dramatically during the September 2008 disturbances in Bolivia. On one hand, the fledgling UNASUR’s resolution of the conflict between the regions loyal to President Evo Morales and those of the Media Luna demonstrated South America’s new independence.

But while the world’s attention was focused on Bolivia’s crisis, another struggle was taking place behind the scenes at the UNASUR meeting in Santiago, Chile. Just days before that gathering, Hugo Chavez verbally attacked Bolivian Defense Minister Luis Trigo, accusing him of not doing enough to defend President Morales. Chavez went on to say that “if something happens to Evo… I won’t just sit here with my arms crossed.”

Many Bolivians took umbrage at this statement and viewed it as inappropriate meddling in their country’s internal affairs. As one friend in Bolivia said privately over a cup of coffee, “I guess Chavez doesn’t remember what happened to the last ‘gaucho’ (cowboy) who tried to save Bolivia,” comparing Chavez to Che.

At the UNASUR meeting, Chavez agitated for sharp statements against U.S. interference in Bolivia, while the “pragmatic” group led by Brazil and Chile preferred to address only Bolivia’s immediate, internal issue. The meeting was held in private, but Chilean Foreign Minister Alejandro Foxley told Bolivia’s daily La Razon that “he feared a failure of the extraordinary summit of the Union of South American Nations due to the demands of Venezuelan President Hugo Chavez to condemn the United States in the final declaration.” (La Razon, Sept. 17, 2008) “There are different perspectives… I want to say that we don’t share his position and we believe that the problems of the region have to be solved in the region. I don’t like making others responsible,” Foxley said.

It was no secret who came out on top at the end of the summit: The “pragmatists” won, with Lula da Silva clearly in charge as the representative of the economic powerhouse of the region. This wasn’t the first time Chavez, a brilliant strategist, sabotaged his own efforts with his lack of diplomacy. He left the summit having not only lost a bid to make a statement against U.S. imperialism, but also having alienated many Bolivians by his harsh criticism of their officials.

While the countries of Latin America continue to welcome Venezuela’s generous aid and subsidized energy, in a context of reduced tension where an ignorant, unpopular, proto-fascist North American president turns his throne over to a charismatic, intelligent leader of African descent, Chavez’s attempts to maintain the polarization between empire and its unofficial colonies so as to push the agenda of Latin American unity forward is in danger of losing steam.

None of this could possibly be lost on Obama. He must know that the U.S. has galvanized opposition in Latin America every time it has undertaken the sort of violent undermining of local autonomy now being carried out in Honduras. He has everything to lose and nothing to gain from this coup in Honduras, especially when he can manage to keep any upstart junior president in line by manipulating trade treaties and cutting deals guaranteed to maintain Latin America in subservience, in short, to divide and conquer.

Yes, it’s obvious that the U.S. hopes the coup can neutralize Zelaya. Of course Hillary will mince words and use linguistic tricks to avoid the use of the word “coup” to exploit the situation to the max. It’s also clear that Obama will continue to defend the Empire: A tiger that has withdrawn its claws remains a tiger. But if anti-imperialists continue in the simplistic, black-and-white Manichean thinking of the last 50 years, we’ll miss the specific dangers–and opportunities–of the moment.

Here we recall the words of Bertolt Brecht: “There are many ways to kill. You can stick a knife in a person’s belly, take away her bread, not heal him from a disease, stick her in a bad apartment, work him to death, drive her to suicide, send him off to war, etc. Only a few of these things are forbidden in our country.”

By far, the murder by stabbing–or military coup–attracts more attention. That’s why the brazen golpe in Honduras has raised so much speculation about who was holding the knife. The treaty that will ensure that a nation like Honduras starves or remains on its knees tends to attract far less attention.

While it’s crucial that the coup plotters be brought to justice (even if that includes U.S. citizens) and that Manuel Zelaya return to his rightful place as president of Honduras, activists need to pay even closer attention to the silent murder by economic strangulation and/or free trade agreements. We need to ensure, for instance, that Clinton not be allowed to “cut a deal” to have Zelaya returned under “conditions” (as her husband did with Aristide in 1994). We need to lobby for fair trade agreements and not free trade agreements. We need, finally, to support movements in Latin America working toward unity against empire. Zelaya’s return to Honduras, without conditions, will be only one step in our struggle.

Clifton Ross is the writer/director of “Venezuela: Revolution from the Inside Out” (www.pmpress.org) and more recently “Translations from Silence” (www.freedomvoices.org). Marcy Rein is a freelance writer and editor and longtime participant/observer in various social movements.

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[es] OFRANEH: Obama y la injerencia de su administracion en el golpe en Honduras

[English translation to come soon. OFRANEH = indigenous/black Garifuna federation.]

[OFRANEH = Organizacion Fraternal Negra de Honduras]

Obama y la injerencia de su administración en el golpe en Honduras

La campaña internacional de aislamiento al gobierno de facto de Honduras que  se ha dado como respuesta al golpe del 28 de junio, ha traído una oleada de  apoyo al depuesto Presidente Manuel Zelaya, el que después de haber logrado en el seno de la ONU un respaldo absoluto, y  de haber logrado que la OEA emitiera un ultimátum de 72 horas para que el presidente Mel regrese al poder.

El vertiginoso apoyo con que contó la administración depuesta, en especial la reunión de emergencia efectuada horas después del golpe en el marco de la OEA, es una muestra de los cambios políticos que se viene dando en América Latina en la última década. Desde el ultimo golpe en contra del presidente venezolano Hugo Chavez y el irrestricto espaldarazo concedido por la Administración Bush a los golpistas, a la actual actitud asumida por el Secretario General Insulza a favor de Manuel Zelaya, muestran los aires de cambio que se comenzaron a dar desde el mes de abril con la cumbre de Trinidad y la posterior reunión de la OEA en San Pedro Sula.

En Junio 29  la Secretaria de estado Hillary Clinton pidió tibiamente la restitución de Mel al poder, en el marco de declaraciones efectuadas por la diplomática en una conferencia de prensa del departamento de Estado relacionada con los “puntos conflictivos del planeta”.

Las movilizaciones de apoyo al gobierno de facto, están siendo organizadas entre otras por la Sra. María Martha Díaz Velázquez que dirige la supuesta organización cívica denominada Movimiento Paz y Democracia (MPD), la cual ha venido desde hace meses actuando como grupo de presión en contra de la administración de Manuel Zelaya. La Sra. Diaz fue utilizada por CNN en su cobertura noticiosa posterior al golpe, para  justificar las acciones emprendidas por los golpistas. El mismo domingo 28, el Movimiento Paz y Democracia convocó a una manifestación en la Plaza Morazán de Tegucigalpa acompañados por la Unión Cívica Democrática, agrupación donde se aglutinan los gremios empresariales ultraconservadores del país.

La polarización en Honduras es un trabajo que se ha venido dando desde hace años, en especial utilizando los medios de comunicación afines a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), especializados en la desinformación tendenciosa. Ha sido un trabajo lento y persistente. Siendo la afiliación de Honduras a  Petrocaribe y la iniciativa ALBA los mayores crímenes cometidos por la administración Zelaya, situación que sirvió de pretexto para invocar el otrora demonio del “comunismo”, que tanto caló en el pueblo hondureño durante la guerra fría.

La actitud ambigua asumida por el actual gobierno de Barack Obama, ciertamente es un indicador de la participación de los Estados Unidos en el golpe perpetrado el domingo pasado. Hasta el momento la administración Obama ha condenado el golpe  de forma tibia, pero no ha procedido a tomar las medidas concretas. En declaraciones a la prensa los voceros de la casa Blanca llaman el golpe ilegal, pero han evitado declarar los sucesos como un golpe de estado, situación  que implicaría una suspensión inmediata de la ayuda económica que se recibe por parte de los Estados Unidos.

Según la Administración Obama está tratando de “reinstalar” a Zelaya, e insiste en desasociarse de los imperantes rumores de la participación de su país en los hechos acontecidos. Según los informes de prensa vertidos por la Casa Blanca, las gestiones para detener el golpe se iniciaron ya antes que éste fuera confirmado, sirviendo la Embajada de Estados Unidos de mediador entre el ejercito golpista y  Manuel Zelaya.

Es indudable que existe injerencia directa por parte de organizaciones afiliadas a la extrema derecha estadounidense, tales como la Fundación Arcadia, en la cual esta inmiscuido Otto Reich, nefasto personaje a cargo de operaciones de desinformación y sabotaje, no muy lejano de Posada Carriles y los terroristas cubanos encargados de los trabajo sucios de la CIA. Se supone que uno de los objetivos primordiales de la Fundación Arcadia es la lucha en contra de la corrupción, y desde esa perspectiva a mantenido una guerra de baja intensidad a partir del año 2006 en contra de personeros de la Administración Zelaya.

Por otro lado están las fuertes sumas de dinero recibidas por el Movimiento Paz y Democracia, a través de la USAID y la National Endowment for Democracy  (NED), instituciones reconocidas como financistas de golpes y proceso de desestabilización a lo largo del planeta.

Es de esperar que de no crearse un bloqueo económico total en contra del gobierno de facto, la polarización en el país continuará, cobijada en la desinformación existente y en los clamores de grupos afines a los sectores más feudales del país. Desde las iglesias hasta los gremios de empresarios pasando por la apocada clase media, los efectos del trabajo de la NED y la USAID se hacen sentir en el país.

Para la OFRANEH es inminente que la administración Obama debe frenar la labor de los organismos de inteligencia dedicadas a la desestabilización y desinformación, ya que lo que pretenden es crear un choque entre grupos proclives a los golpistas y los defensores de la democracia. Será el gobierno de Estados Unidos los responsables directos de cualquier derramamiento de sangre.

Hacemos un llamado a Barack Obama que muestre de nuevo el singular perfil del hombre que logró  mover un país en base a su clamor por la justicia, y que frene las agresiones de los cuerpos de inteligencia  de los Estados Unidos que claramente no cejan en perder los que siempre han considerado su patio trasero.

Por eso reiteramos que no basta con declaraciones ambiguas por parte de Obama y su gabinete. Se requiere una vez por todas señalar los acontecimientos como un coup d’état (golpe de estado). Es urgente DECRETAR SANCIONES ECONOMICAS DE INMEDIATO para Honduras y así frenar la agresividad del gobierno golpista  y neofascista. Es la única forma que se inducirá la paz y seguridad en Honduras y la estabilidad del continente.

La Ceiba, Atlántida 1 de Julio del 2009.

OFRANEH

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